Expectativa de la crianza vs la crianza real
Antes de tener hijos, muchos imaginábamos una escena: tardes de juegos, risas, meriendas caseras y cuentos al anochecer. Niños felices, conectados, agradecidos. Una familia unida. Un hogar en calma.
Esto no es ingenuidad, es amor proyectado. Es lo que deseamos dar. Lo que soñábamos ofrecer.
Pero entonces llega la vida real. Y con ella, la expectativa de la crianza vs la crianza real. Porque lo cierto es que criar también significa caos, llantos sin razón aparente, cansancio acumulado, frustración, dudas y miedo de no estar haciéndolo bien.

Expectativa de la crianza vs la crianza real
La brecha entre lo que esperábamos y lo que vivimos puede ser profunda.
Esperábamos obediencia, conexión inmediata, risas cada día…
La realidad muchas veces es otra: rabietas inesperadas, conflictos por cosas pequeñas, gritos, enfados, portazos.
Y es en esa diferencia, entre la expectativa de la crianza vs la crianza real, donde muchas madres y padres se sienten fracasados.
- No me imaginaba que fuera tan duro
- ¿Y si me estoy equivocando?
- ¿Y si mi hijo no es feliz?
Pero lo que sientes no significa que lo estés haciendo mal. Solo significa que estás criando. Y criar no es una postal perfecta. Es una entrega real, a veces agotadora, a veces dolorosa. Pero también llena de sentido.
NO lo estás haciendo mal
“No hace falta ser perfectos, sino suficientemente buenos.”
Eso significa que no necesitas tener respuestas para todo, ni estar siempre de buen humor, ni controlar cada detalle. Lo que tu hijo/a necesita es que estés. Que seas una figura estable, presente, que responde con amor y coherencia.
La crianza real no es control, es presencia
Y cuando entiendes eso, empieza el verdadero cambio. Porque la expectativa de la crianza vs la crianza real no es una batalla, es un reajuste emocional. Un soltar lo que pensábamos que sería, para poder abrazar lo que realmente es.
- Criar no es vigilar cada paso ni anticiparse a cada emoción
- Criar es acompañar.
- Criar es sostener rabietas, calmar llantos, aceptar errores.
- Criar no es controlarlo todo.
- Criar es estar ahí, una y otra vez, aunque estés cansada, aunque dudes.
Ser suficientemente buenos: el legado de Winnicott
Winnicott defendía que los niños no necesitan perfección. Lo que necesitan es una base segura, unos padres que les sostengan sin anularlos, que les frustren un poco para crecer, y les acompañen mientras lo hacen.
Ser suficientemente bueno es:
- Decir “no” aunque lloren
- Volver a empezar aunque hayas gritado
- Reconocer que hoy no puedes más
- Reparar después de un conflicto
- Pedir perdón cuando hace falta
Esto es más poderoso que cualquier manual de crianza, porque es real, es humano, es amor.
Cuando repetimos, educamos
Una de las claves que más seguridad aporta a un niño o niña es la coherencia.
Cuando actuamos igual ante los mismos comportamientos, nuestros hijos aprenden y se sienten seguros.
No se trata de ser rígidos, sino de ser previsibles. Que sepan que mamá o papá responden con el mismo tono, con los mismos límites, con el mismo gesto.
Esto no siempre es fácil. Pero es transformador.
Porque la crianza real no es una improvisación constante. Es un espacio donde, aunque haya emociones intensas, hay algo que no cambia: tú estás ahí.
El poder de la confianza emocional
Tú eres su pilar.
Tú eres su referencia.
Transmitirles tu confianza les calma. Les enseña a vivir.
A veces creemos que debemos resolverlo todo. Pero en realidad, lo más importante es mostrarles que estamos tranquilos. Que confiamos en ellos. Que aunque se equivoquen, no pasa nada. Que pueden volver a intentarlo.
Esa calma no siempre está. A veces cuesta encontrarla. Pero cuando la tienes, la contagias.
Y eso es educar: entrenarlos para la vida, desde dentro.
Criar es un trabajo invisible, íntimo y constante.
No hay medallas. No hay guiones. Solo estás tú, cada día, intentándolo de nuevo.
Y aunque la expectativa de la crianza vs la crianza real duela al principio, es también una puerta. Una invitación a crecer contigo, a aprender juntos, a descubrir que la verdadera crianza no es la de las fotos perfectas, sino la del amor constante en medio del cansancio.
Esta es la crianza real: imperfecta, cansada a veces, pero llena de sentido y de amor.
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